¿Qué fue de mi año?

¿Leí? ¿Vi anime? La verdad es que sí. Leí hasta que los ojos me ardían y la cabeza me dolía. Vi casi tanto anime como suponen. Pero la verdad es que fue un año emocionalmente malo.

Hace un tiempo, durante el 2017, estaba muy esperanzada estudiando la universidad y trabajando en mis novelas y mi vida. Había pasado un tiempo oscuro un año antes, y estuve a punto de arruinarme y caer más allá del fondo.

A finales de 2016 me decidí a buscar una mejor manera de vivir la vida, y unos meses después sentí que un gran paso era abrir este blog. Quería que se convirtiera en un recinto en el que, semana a semana, pudiese hablar de mis pensamientos e impresiones acerca de las historias que quería compartir con el mundo. Con el tiempo se fueron ampliando las categorías y las etiquetas, pero no dejaba de ser un espacio donde compartía lo que quisiese decir acerca de la ficción. Películas, animes, libros, mis propias novelas.

No obstante, 2018 fue un año muy flojo. Como pueden darse cuenta, solo publiqué veintidós entradas de las casi sesenta que tenía planeado escribir.

Aunque tenía mucha ilusión y bastantes ganas de empezar a pagarle un dominio al blog, me rendí a la mitad y dejé de escribir. De hecho, ni siquiera pude escribir una sola palabra en mis historias desde julio.

En enero comencé mi tercer semestre en la universidad y, a efectos prácticos, mi primer semestre aprendiendo cosas propias de mi carrera. Tenía un montón de teoría literaria y lingüística por leer. Me enfoqué tanto en todos esos autores que no me quedó tiempo ni siquiera para respirar. Leí, releeí y volví a leer.

Al final del tercer semestre estaba exhausta mentalmente, y lo que menos quería era leer, leer de verdad. Me enfoqué en descansar, por lo que comencé a ver un montón de películas y animes para compensar el tiempo que me había quedado leyendo hasta altas horas de la noche. Las producciones audiovisuales tienen el plus que no posee la lectura: los elementos están listos para ser vistos y/o escuchados. Ya no más estar recordando múltiples personajes, escenas y pasajes de la historia para poder comprenderlo todo. Era justo lo que necesitaba en ese momento.

Mientras más los veía más me fui hundiendo sin darme cuenta. Caí en un estado de desanimo total que no quería levantarme de la cama, a veces ni siquiera para hacer mis necesidades básicas. Al principio pensé que era mi propia pereza.

Conforme fueron avanzando los meses y se acercaba el momento de pasar al cuarto semestre me di cuenta que algo andaba mal conmigo. Seguí intentando volver al ritmo, escribir, leer, o al menos ordenar mi cuarto. No pude hacer nada. Y entonces ni siquiera ver películas sirvió.

Comencé el cuarto semestre con todos los ánimos que pude reunir, dada la situación. Apenas una semana después, empecé a faltar a esta clase sí y a esta también. Tenía serios problemas para concentrarme, no podía leer los libros más allá de las primeras treinta o cuarenta páginas y ya ni siquiera tenía claro porqué quería ver anime. Incluso la música me parecía desabrida.

Fui degenerando así hasta septiembre, el peor mes de mi año. Aunque cumplí veintiuno, estaba muy mal conmigo misma, y se me ocurrió ir a meterme de lleno a una relación sentimental. Por supuesto, no funcionó. Apenas tres semanas después hablé con él para terminar las cosas. Aún me siento mal por eso. No porque mantenga sentimientos hacia el chico, sino por esa insatisfacción y la certeza de saber que no hice las cosas correctamente o en orden.

En octubre fue todavía peor. Empecé a sentirme menospreciada e inútil. Ganar una medalla de plata en el intrauniversitario de kung fu me devolvió bastantes fuerzas, la verdad, pero seguí bastante mal a lo largo de noviembre. Lo último que publiqué fue un grito desesperado que escribí a finales de noviembre, cuando las cosas estaban a un paso de ponerse bastante feas.

Reaccioné en el momento en el que me di cuenta que podía reprobar una materia y decirle adiós al intercambio dentro de unos años. Fue como si despertara de un largo letargo. Como si estuviera en un pozo sin fondo y alguien me gritara “¡Levántate Lidia, o no podrás hacerlo jamás!”. Me levanté. Abrí los ojos y de pronto tenía a casi treinta autores por leer, seis trabajos finales por hacer y solo nueve días antes de que se terminara el semestre.

Estudié a los treinta autores (de hecho, fueron treinta y uno, pero ya había leído a uno en el pasado). Hice los seis trabajos. Aprobé el semestre.

Después de dos semanas trabajando sin descanso para aprobar el semestre, volví a quedarme exhausta. Pero ahora fue distinto a hace unos meses. Me di cuenta de lo que estaba haciendo, de cómo me estaba sintiendo, de que las cosas se estaban poniendo mal.

Desde hace unos días he asistido a varios eventos. Reuniones familiares, posadas navideñas, proyecciones en la cineteca y exposiciones en los museos. Ahora, hoy mismo, me siento tan bien como no me había sentido en meses.

Lamentablemente en esta ocasión no tengo un top diez de lecturas como el año pasado. Como dije, leí bastante, pero hubo bien pocas novelas estos meses. Apenas completo los doce libros contando mi relectura de El nombre del viento, y no me gustaría hacer una lista tan chapucera teniendo tan poquito de donde escoger.

A partir de aquí, solo espero que mi 2019 sea mejor. Y espero que el suyo también lo sea. Volveré a publicar poco a poco, pero estos días les estaré llenando bastante de palabras este blog, que la verdad anda bastante desierto.

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2 comentarios sobre “¿Qué fue de mi año?

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  1. Suele pasar que a veces te cansas hasta de lo que mas te encanta hacer o hasta de las canciones que te gustan, y hay que darle un descanso. Es como si tu cuerpo/mente o alma te estuviera diciendo que busques algo nuevo, me identifiqué mucho con tu lectura porque me pasó algo igual.

    Ánimo!

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    1. ¡Muchas gracias! Después de sacarlo todo y decidir que lograría que este año fuese mejor, realmente me sentí mejor. Obviamente sé que si llego a necesitar ayuda la buscaré. Lo que me encanta de poder publicar esto es que encuentro a otras personas que, como yo, saben que ir por la vida no es tan fácil como muchos dicen. ¡Gracias por animarme! ❤

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