Recortes curiosos #1: La moneda en un mundo de fantasía

¡Hola! Sé que he estado muy inactiva estos meses. He llegado al punto de solo publicar algunas cosas sobre anime y otras pocas con mi propia literatura (¿Cómo va eso? ¿Les gustará?). Hoy decidí comenzar por fin con esta serie.

Se trata de una nueva línea de post, una especie de mini bitácora en donde escribiré acerca de mi proceso creativo. Antes me referí a esta sección como “Digo que soy escritora”, pero es un nombre un poco largo. Así pues, el definitivo es “Recortes curiosos”. Ya saben que este blog es un desastre bien acomodado.

En esta ocasión decidí abrir con un tema que creo va adoc con la novela que estoy publicando actualmente en el blog. ¿Qué es lo que mueve a un mundo de fantasía? ¿No es la magia? Supongo que sí. Pero hay algo que se mueve junto a los personajes en un lugar fantástico: las monedas.

Monedas en diferentes mundos ficticios

Si hay algo que de seguro debe estar presente en un mundo ficticio orgánico (háblese de un lugar en donde las cosas ocurren al mismo tiempo, con o sin participación del protagonista, tal como en el mundo real) son las monedas. Estas son importantísimas, porque permiten a los personajes moverse con cierta libertad en su mundo. Pueden ser perseguidos por inmensos dragones, pelear contra entes malignos a cada ciudad a la que llegan… pero sin dinero poco más pueden hacer. A menos que sean ladrones expertos o simpáticos héroes que consiguen todo como regalo de la gente, estos personajes han de necesitar dinero. Y trabajar, de ser posible.

Así, aunque no deberías ocuparte de un sistema económico muy complicado, sí que tienes que establecer uno si te decides a crear un mundo ficticio. Por ejemplo, en Dune de Frank Herbert, existe una única moneda con la que los personajes interactúan: el Solari. Pasa lo mismo en Star Wars, donde los personajes han de poseer el crédito galáctico estándar.

Los hay un poco más elaborados, como el sistema de monedas que se nos presenta en Harry Potter y en Crónica del Asesino de Reyes. En la primera saga, reconocida de entrada, se nos presentan tres monedas (de la menor a la mayor): knuts, sickles y galeones, que incluso pueden ser cambiadas a monedas del mundo real (euros y dólares).

En la trilogía (incompleta aún) que Patrick Rothfuss nos presenta la cosa es un poco más elaborada: existen tres sistemas para tres regiones diferentes. El primero es el de la moneda ceáldica, utilizada en los Cuatro Rincones de la Civilización (es decir, en todo el mundo), y se conforma por drabines de hierro, iotas de cobre, talentos de plata y marcos de oro. Para la Mancomunidad, una de las regiones principales en la historia, Rothfuss estableció otro sistema: los medios peniques de hierro, peniques de hierro, peniques de cobre y peniques de plata. Por último, existe un país llamado Vintas, en el que se usan los sueldos de plata y los reales de oro.

En Canción de Hielo y Fuego todo se complica. Hay monedas que siguen circulando después de que se establecen los Siete Reinos, e incluso se deben dar monedas más pequeñas junto a monedas que están gastadas y por lo tanto pierden su valor original. Se diría que es un sistema menos rígido y más cercano a la realidad.

Sea una sola moneda o varias, lo importante es que tu sistema sea sólido, o que, cuando menos, no vas a ir por el Vado de Hueleacaca comprando en euros. A menos que tu mundo de fantasía exista en el mundo real, tal como en Harry Potter. Así pues, es mi turno de presentarte el sistema monetario del mundo de Valeria Alazar, ¿cómo será?

Sistema monetario de Deva

Sí, para futuras referencias, el mundo se llama Deva. Después de comenzada la Era Moderna (gracias a los esfuerzos de Jack el Iluminador), y aunque surgieron grandes conflictos políticos que hicieron cimbrar al mundo, los gobernantes de los países y reinos se dieron cuenta de que no podían seguir utilizando monedas locales o formas de trueque mal hechas. Necesitaban monedas homologadas, que pudiesen usar tanto dentro como fuera de sus territorios sin necesidad de hacer conversiones exhaustivas.

De esta manera, después de mucho debatir, la recién instaurada Santa Sede de Seis Ojos aprobó el sistema monetario que habría de definir al mundo durante los próximos siglos. Hay excepciones territoriales, países que no adoptaron este sistema sino que se quedaron con el propio, como Calahia, por ejemplo. Asimismo, este sistema cuenta con cinco monedas, las que se detallarán a continuación, de la menor a la mayor.

Rines

Son las monedas más pequeñas. En todos los países civilizados se utilizan, y generalmente circulan mucho en los pequeños mercados, las tienditas de paso y las casas de cambio. Son monedas de valor tan pequeño que hacen falta unas 4,000 (cuatro mil) para poder comprar un kilo de manzanas. Por ello, suelen usarse más como adornos. Son compactas y blandas y suelen estar hechas de hierro. 400 rines son iguales a una dina.

Dinas

Las dinas son las siguientes monedas en la escala. Son del tamaño de un peso mexicano y están hechas de cobre; suelen tener impreso el año en que se acuñaron y pequeños relieves de flores, frutas o animales. Las dinas también circulan mucho en los mercados y en las tiendas, pero también en los almacenes, los bares y en casi todos los lugares que ofrezcan servicios. A excepción de los establecimientos lujosos, las dinas están presentes en el resto de lugares comerciales. Con cinco dinas se puede comprar una cerveza barata, y con unas veinte se puede desayunar en algún restaurante o en una posada que haya cerca del camino. 429 dinas son iguales a un escudo.

Escudos

La tercera moneda del sistema. Esta moneda empieza a ser exorbitante, y la mayoría de la población general, sobre todo la empobrecida, jamás ha visto un escudo en su vida. Son diez veces más pesados que las dinas, están hechos de plata y suelen tener impresos los bustos de personas famosas, como Jack “el Iluminador” y Warren “Rugido Centelleante”. Generalmente, los escudos pasan de mano en mano en lugares donde venden objetos caros, como muebles de buena calidad, comida lujosa y caprichos de alta sociedad. Asimismo, los esclavos suelen costar un mínimo de dos escudos, por lo que las subastas de reliquias y personas también entran en lo que se puede comprar. Suelen manejarlos nobles y comerciantes, además de cazadores y funcionarios de gobierno. 4,800 escudos equivalen a una corona.

Coronas

Son la última moneda física que existe. Suelen pesar entre cuatro y cinco veces más que los escudos, son redondas y anchas, de oro, como los doblones. En su superficie suele imprimirse el año de acuñación, el grado de pureza del oro y el escudo de la Santa Sede. Son las monedas de cambio más valiosas del mundo. Se dice que un país pequeño posee unas cinco o diez mil monedas en las arcas públicas, y que hay gente poderosa en el mundo que posee cincuenta mil coronas de fortuna. 13 coronas forman una centuria.

Centurias

Estas monedas no existen en el mercado. Jamás las verán los comerciantes promedio, y es posible que ni siquiera los nobles bien establecidos. En realidad, son acuerdos legales por escrito que comprueban que la gente que los posee tiene ese dinero. Debido al enorme riesgo de poseer tanto dinero, y a la cada vez más exigua cantidad de plata y oro, la Santa Sede creó las centurias con el fin de resolver este problema. Unas cinco centurias bastan para hacer rico de por vida a un hombre. Incluso, existe una persona que posee una fortuna de nueve mil centurias.

Y bien, yo corto el rollo aquí. Seguro que a ustedes también les ha dado por crearse su propio sistema luego de leer esto, así que espero que les sirva de referencia. Abajo les dejo los links a las webs que visité para realizar este artículo, así como una bonita infografía (en inglés) de diferentes monedas usadas en la ficción. ¿Qué tal la información? Fascinante, ¿no crees?

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